Muere recordando la muerte de un caballo Por Raúl Santana

Recursos endebles:

¿sus ojos dónde?

La mesa de noche

Limita la certeza que hay más allá;

todavía medio erguido

vuelve a encender la luz;

pregunta todo

como si preguntando permaneciera.

-Apoyá tu cabeza- musita una voz

desde el banquito.

Otra vez se instala entre las sábanas

Aquella remota escena.

-Abandonate- vuelve a decir la voz.

El piensa que la escena es incompleta:

el caballo sí, pero donde el campo

iluminado por la fría luz de invierno.

Recuerdo de recuerdos:

un cuerpo desaparecido,

otro evocado.

-Si volvés a tus pensamientos

agarrate fuerte a los barrotes- vuelve

a decir la voz.

Y en su mente y sábanas

cada vez que el látigo se agita por el aire,

aquel caballo, con paso tambaleante,

hipnotizado por la tierra:

da tumbos,

se arrodilla,

busca un lugar para descansar.

Ahora la luz es un abismo

y él vocifera: caballo, mesa, certeza,

¡esta rodilla!

-Abandonate- vuelve a decir la voz.

Y la boca es un negro agujero

cada vez

menos

visible.

 a Carlos Gorriarena

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