Sobre Tres hombres del río por Gerardo Panero

Si quisiéramos buscar en el cine argentino de ficción de las décadas del cuarenta y cincuenta películas filmadas en el interior del país seguramente sería ineludible recurrir a la obra de Mario Soffici.

Su filmografía no sólo retrata diferentes paisajes, Soffici indaga sobre temas y personajes de cada lugar y se sitúa en lo que lo rodea, desde esa mirada nos muestra el paisaje.

Sus personajes, en muchos de los casos, deben enfrentar ese espacio que transitan y éste pasa a formar parte directa o indirectamente de la trama de sus películas. En ese lugar se encuentra “Tres hombres del río” (1943), basado en un cuento de Eliseo Montaine titulado “Hermanos en esta noche”.

La película se desarrolla en la provincia de Misiones y como era habitual en Soffici antes de empezar un proyecto en alguna provincia alejada de Buenos Aires, recorrió diferentes locaciones buscando los exteriores que él creía ideales para contar su historia.

En el inicio de “Tres hombres del río”, como una suerte de prólogo, se presenta la leyenda Guaraní de la flor del Aguapé . Este será el punto de partida de la historia.

La película comienza con un recorrido de imágenes que nos introduce en la naturaleza de la Selva Misionera. Las nubes, las primeras gotas de agua, un arroyo, y finalmente las cataratas. Una mujer indígena es violada y abandonada en la orilla del río. Al subir el nivel del agua por la creciente su cuerpo se transforma en la flor del Aguapé. Allí comenzará el recorrido de la flor por el río que llegará hasta un barco, el Caa-Pohrá, que se dispone a partir con carga de contrabando.

La superstición y la desgracia comenzará a adueñarse del viaje a través de la antigua leyenda del Aguapé en el momento en que Pedro (interpretado por Juan José Miguez) recoge la flor antes de subir al barco.

Tres hombres, entre los que se encuentra Pedro, viajan a cargo de una pequeña tripulación. Dos de ellos añoran volver a navegar por el mar y detestan el río. Sus codicias e intereses personales hacen que lentamente comiencen a enfrentarse entre sí. El destino de los tres, pero principalmente el de Pedro que es quien recogió la flor, ya parece estar signado.

La flor del Aguapé no volverá a aparecer en la película, pero Soffici logra mantenerla presente en el relato por intermedio de la cocinera del barco quien se ocupa de recordar la leyenda constantemente y hace alusión a la desgracia y al diablo. Es ella quien al inicio le advierte a Pedro “estás desafiando al destino” cuando este toma la flor del río. También surgirá el designio trágico en lo que el río les depara, en las acciones y en los diálogos de los personajes.

Durante el recorrido del barco se sumará a ellos una joven que se encuentra sola en una isla y quiere llegar a puerto Esperanza. La representación de la inocencia en la figura de esta mujer será el detonante de los tres personajes. Pedro intentará convencerla de partir con él hacia un mejor lugar, hacia la ciudad.

Mientras el barco se traslada, la historia se desarrolla en ese pequeño reducto. El uso de la música, a través de un leit motiv para los recorridos del barco, las puestas de cámara desde la orilla en donde la vegetación siempre está presente nos introducen en ese ambiente de la selva y el río que Soffici ya había retratado en “Prisioneros de la tierra” (1939). Sin embargo en este caso es en el río, o mejor dicho, es sobre el río donde ocurren todas las situaciones que deberán enfrentar los personajes.

La ubicación coreográfica en los planos cuando se encuentran los tres personajes juntos (lograda de manera admirable y sin resultar forzada, una constante en la obra de Soffici) irá marcando poco a poco su enfrentamiento hasta llegar a una violenta pelea.

Soffici logra construir con estos elementos (los que son autóctonos) una película sobre la superstición y las leyendas, pero sin utilizar los recursos habituales del cine fantástico. Es en este punto donde reside, en mi opinión, el rasgo más destacado de “Tres hombres del río”.

Personajes, barco y naturaleza conforman la historia y se funden entre sí, como la flor del Aguapé con las aguas del río.

Las creencias, subestimadas por los que no son del lugar y no conocen la zona, se hacen presentes en el viaje y aparecen sin ser impuestas por Soffici. Están y llegan solas como el personaje de un náufrago, casi sin vida, que se aproxima en una balsa hasta el Caa-Pohrá y se transformará en la clave de la historia.

En la extensa filmografía de Soffici “Tres hombres del río” forma parte del grupo de películas que él recordaba como “más personales”. Hay que tener en cuenta que realizó muchas películas por encargo, dirigiendo en numerosas ocasiones dos películas por año.

Su identificación y su aproximación a las historias del interior del país estaban marcadas por una búsqueda personal, en un cine, según sus propias palabras “con características propias de nuestro país”. “Tres hombres del río” es un ejemplo de ello.

 

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