Liborio Justo por Catriel Etcheverri

Erosiva, como el agua de río, la pluma de Liborio Justo no dejó tema por tocar ni referente sin cuestionar. Discutió con todos y por todo y al morir a los 101 años de edad dejó tras de sí una vasta producción teórico política, principalmente, pero también literaria.

Como el río, que nace y muere en el mar y que a lo largo de su recorrido cambia desde esos primigenios y humildes arroyos hasta los anchos ríos de llanura que esconden su velocidad en la aparente quietud de su superficie, pasando por caudalosos cursos de montaña, Liborio fue muchos a lo largo de su vida. Pero como ese río de múltiples facetas, ninguna de las caras que mostró Liborio a lo largo de su vida dejó de lado jamás su capacidad para erosionar las bases de esa clase conformada y conformista a la que pertenecía.

Hijo del general Agustín P. Justo, Liborio se rebeló más temprano que tarde contra las certezas que el lugar que su familia ocupaba en la atildada sociedad porteña le tenían reservadas. Y el mundo le ofreció las respuestas que buscaba.

Devenido en un viajero tenaz, en Europa se puso en contacto con el ideario del marxismo leninismo, marchó en París junto a los anarquistas contra la persecución de Sacco y Vanzetti, se ofreció para trabajar como voluntario de obrero en la URSS y se embarcó en un ballenero finlandés, cazó ballenas en las islas Orcadas y renos en la bahía de Grytviken, y fue testigo de los estragos del estallido del sistema capitalista en los Estados Unidos de la década del ’30, del que además se convirtió en un fidedigno documentador a través de la lente de su cámara para luego experimentar en las minas de Catamarca, así como en los obrajes y yerbatales del alto Paraná la opresión a la que eran sometidos los trabajadores en los países a los que calificaba de semicoloniales como la Argentina y Brasil.

De regreso en Buenos Aires se metió de lleno en la disputa que dividía al comunismo mundial y se ganó un lugar entre los referentes del trotskismo en la Argentina.

En su acto político más resonante hizo enmudecer a todo el Congreso de la Nación cuando desde uno de sus balcones le espetó un vibrante y sonoro ”Abajo el imperialismo” al presidente Franklin Roosevelt mientras era homenajeado por su propio padre. ”¿Es Liborio?” apenas pudo preguntar por lo bajo y sin poder ocultar su temor el general Justo cuando aún resonaba el grito que había hecho estremecer a todo el recinto.

Recluído en una estancia tras lo que llamó su “acción antiimperialista del año” escribió su autobiografía a la temprana edad de 34 años convencido de que iba a ser asesinado y a la que sugestivamente tituló Prontuario. Sin embargo Liborio no corrió la misma suerte que su admirado León Trotski y siguió alimentando con lucidez la discusión que dividía trotskistas de stalinistas hasta que finalmente rompe también con el último gran protagonista de la Revolución de Octubre a quien acusa de ser un agente involuntario de Wall Street.

Tras la irrupción del peronismo el atomizado trotskismo rioplatense se dispersa y Liborio se refugia en las islas del Ibicuy donde vive entre 1943 y 1959. De esa nueva experiencia nacerá Río Abajo que ve la luz bajo el seudónimo de Lobodón Garra, mote que le sirve para diferenciar su producción literaria de la teórica política que publicará bajo otro alias: Quebracho.

En este libro Liborio recoge la voz de las islas en una serie de relatos concisos, duros, en los que relata la historia de una región tan postergada como invisibilizada. Desde sus comienzos poblada por Guaraníes, luego por criollos, muchos ellos escapados de la Justicia y más tarde por la inmigración europea y de otras latitudes que fueron cambiando el paisaje del Delta, Liborio va dando cuenta de sus personajes, flora, fauna y del río como trasfondo omnipresente de una región olvidada por los intelectuales de la ciudad.

Como el testigo que retrató con su cámara la crisis del ’30 en los Estados Unidos, en Río Abajo Liborio nos ofrece a esos hombres no sólo desconocidos, sino despreciados por el mundo al que él mismo había pertenecido por herencia. Mudos a los que su pluma dota de voz. Hombres a los que el progreso empuja más y más hacia los márgenes y a quienes se les impone el río como una frontera que se les impide traspasar.

”Las cosas que ocurrían en esta región en esos tiempos eran tan extraordinarias que sólo había que redactarlas tal como eran para escribir algo fuera de lo común. A mí me tocó hacerlo, sino quizás se hubiera perdido” señalaría décadas más tarde para dar cuenta de uno de los libros que relata como pocos la vida en las islas.

Catriel Etcheverri es periodista y autor del libro Liborio Justo, alias Quebracho (Capital Intelectual).

Cuentos de Río abajo por Lodobón Garra

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