Hacen Carapachay N°1

Consejo editorial: Luciano Guiñazú/ Hernán Ronsino/ Sebastián Russo

Diseño: Joaquín Guiñazú

Corrector: Ricardo Romero

Curaduría fotográfica: Agustina Triquell

Twitter: @RCarapachay

Facebook: Carapachay -o la guerrilla del junco-

Carapachay O La Guerrilla Del Junco

Correo electrónico: revistacarapachay@gmail.com

Colaboran en este primer número:

-Oliverio Coelho

-Jorge Consiglio

-Carlos M. Domínguez

-Juan Bautista Duizeide

-Daniel Krupa

-Ricardo Romero

-Edgardo Scott

-Julio Cesar Urien

-Malena Velarde

Páginas amigas: https://enciernesepistolarias.wordpress.com/

mezenasgo_cultural

Un comentario en “Hacen Carapachay N°1

  1. A dios le pareció buena su creación y a partir de ese fabuloso evento, fotones y segundos se propagaron, a velocidades insuperables, hasta los confines del universo.
    Con este gesto dramático y contundente de separar la claridad de las tinieblas, se iniciaría el mundo y enseguida la humanidad.
    Al menos, así lo refrenda la tradición judeocristiana, muchas religiones y sectas asiáticas y del extremo oriental también. Y es factible encontrar precursores de leyendas similares en credos mucho más antiguos como el zoroastrismo.
    La claridad desplaza a las tinieblas y establece el orden cotidiano del trabajo.
    Una lámpara que se prende espanta a los monstruos nocturnos que no nos dejan dormir. La guía de los faros permite que sigamos sobre el asfalto y reconozcamos los obstáculos a tiempo. La oscuridad y sus admiradores apenas sostienen su reinado provisorio, los partidarios de la claridad tienen muchos más recursos.
    Por cierto que la invención de la luz eléctrica permitió extender no solo la jornada laboral sino que también la vida familiar y la diversión fuera de hora, casi con las mismas posibilidades que si el sol estuviera presente.
    La oscuridad permitía y permite la realización de actividades íntimas y también de las vergonzantes, desplazamientos militares, fugas y transacciones tramposas.
    Como delicadamente ha señalado el maestro Tanizaki, en occidente nos preocupamos en iluminar hasta el menor recoveco. Procuramos exponer los objetos todo el tiempo, además de acumularlos con o sin necesidad para nuestro regocijo, provocar envidia o simplemente para ver como devuelven los brillos.
    El desarrollo de la luminotecnia lo permite y su potencialidad solo encuentra límite en los costos.
    Sentimos como un corte de energía produce indudables molestias y angustia por la sensación de minusvalía que solo unos pocos son capaces de disfrutar lanzándose a alguna aventura imaginaria.
    Por el contrario, lo que el escritor añora en su bello Elogio de la sombra, era el sentido del juego entre luces y sombras que se practicaba en la sociedad nipona
    Donde las sombras acentuaban el carácter de un rostro, un jarrón o un objeto dorado. El placer se lograba con la armonía de los matices negros, aunque la adopción de cánones occidentales ha reducido al mínimo a esta práctica en los hogares japoneses actuales
    Hacer la luz, sería el triunfo de la verdad. Poner a la sombra, el castigo al malo. Son formas de expresar el subyacente combate entre lo cierto y puro contra lo falso y lo alterado.
    Otra expresión liga el concepto de la trascendencia de la vida con ver la luz. Entender un destello, vislumbrar en el cielo luminoso la compensación a una vida terrestre de penurias de un lugar apacible, dispuesto para el éxtasis del espíritu, identificado genéricamente como el paraíso.
    No menos inquietante, tal vez porque refuerza la imagen preformada del proceso de desintegración del cuerpo, son las descripciones de personas que han pasado por una condición crítica lindante con la muerte y que, gracias a su fe o el arte de la medicina, pudieron dar su testimonio. Las imágenes coincidentes hablan de un largo pasadizo por el que eran deslizados hacia una poderosa fuente luminosa, el más allá.
    Tal vez, la sensación angustiosa de transitar por un oscuro y resbaloso túnel de longitud indefinida se hace repetitiva por estos meses y aunque algunos conjeturan con una luz atrayente hacia el final, la vida dentro del cilindro es opaca y angustiante para los que temen que, como toda línea en el espacio, el trayecto sea circular y la luz haya quedado atrás.
    –00–

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