Las razones del agua (fragmento de un haibun) por Juan Bautista Duizeide

muelle podrido

caras en la ventana

humo los años

viento de garzas

deriva la mirada

¿hacia qué islas?

Navegamos el Tigre.

Barajamos la noche.

Pregunta mi amiga.

¿Cuánto que no las vemos?

Como testigos melancólicos. Como centinelas desdeñosamente esquivos. Como memorias que encandilan. O simplemente como garzas. Ahí posadas. Al filo. Ajenas a nuestro paso forastero, a nuestra singladura que sólo roza la superficie del río, del tiempo, del misterio.

¿Dónde andarán?

Al otro día, me reclama un capricho. O me urge una llamada.

Subo a la canoa, enciendo el motor. Bajo por el Gambado, cruzo el canal Buenos Aires, recorro el Fulminante hasta el Luján. A toda velocidad desemboco en ese espejo turbio enmarcado por naufragios, encaro hacia allá.

Dejo por estribor el puerto de frutos, paso la dársena de las lanchas almaceneras, la dársena de las chatas que se llegan desde las islas -su perfume a maderas la nombra en un mapa invisible-, y llego.

No quedan más que ruinas de un futuro que pasó. Han limpiado el lote, dirán, yo digo que han matado a los árboles. Preparan el terreno. Alisan. “Venice, urbanización, entrada por el albardón”, sonsonetea un cartel. No lo perdonan el viento ni el óxido. Yo descifro un cartel distinto. Acá mismo pero hace tantos años. Con otras letras. En otro mundo: “Queremos ser astillero, no matadero”.

Y entonces las veo.

Notas blanquísimas, fuegos últimos de junio.

Ahí era que estaban. Puedo ya contestar la pregunta. Ahí están. Sobre cada palo de palmera clavado en el fondo. Ahí. En la punta. En lo más alto. Me ignoran o qué.

Yo no creo en nada. O eso creo.

Pero cuento.

No me miran, miran hacia allá, bien adentro. Son cuerpos que señalan. Vuelos detenidos. Casi almas. Aminoro la marcha. Paso lo más cerca que me permite el agua. En voz tenue como una declaración tímida, saludo. Las saludo. Una a una. Después, viro a babor. Remonto la corriente proa al rojo.

el río de sol

el barco de las horas

el rumbo sin paz

oír el silencio

que grita la luz

maldición del escriba

la punta del lenguaje

arma afilada

por lo imposible

 

Notas:

Astarsa:

“A mediados de la década de 1970, Astilleros Argentinos Río de La Plata S.A. (Astarsa) empleaba alrededor de 1500 trabajadores: ochocientos eran obreros metalúrgicos que trabajaban en la construcción y reparación de locomotoras, maquinaria industrial, fundición pesada y tanques de guerra. El resto, cerca de setecientos empleados, eran trabajadores navales. Astarsa era el astillero de capitales privados más importante del país. En su directorio figuraban militares y apellidos vinculados a la clase alta, como los Braun Menéndez y Braun Cantilo. Buena parte de los ingresos del astillero provenían de contrataciones por parte de empresas estatales, como Y.P.F. (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), Y.C.F. (Yacimientos Carboníferos Fiscales) y E.L.M.A. (Empresa Líneas Marítimas del Estado).” Los zapatos de Carlito, Federico Lorenz, 2007.

“La historia de la fábrica desde donde secuestraron a 60 operarios la mañana del 24 de marzo de 1976 comenzará a ventilarse en San Martín, cuando concluya el juicio oral a Luis Abelardo Patti”. “El juicio por los obreros de Astarsa”, Alejandra Dandan, Página/12, 16 – II – 2011.

 

Venice:

“La justicia federal frenó la construcción de barrios privados en los dieciséis municipios de Buenos Aires que abarcan la cuenca del río Luján y el Delta del Paraná. En un duro traspié de las empresas inmobiliarias, el fallo clausuró dos countries (llamados Venice Ciudad Navegable y Remeros Beach) y exigió que la provincia cumpla con sus funciones y verifique las irregularidades de los emprendimientos. La causa fue iniciada por organizaciones sociales que denunciaron la directa vinculación entre los countries en humedales y las inundaciones en la región”. “Una a favor de los humedales”, Darío Aranda, Página/12, 6 – VII – 2016.

 

Haibun:

“Combinación de haikus y prosa poética. Usados en diarios de viaje o dietarios por Bashô, Buson y otros poetas”. El libro del haiku, selección, traducción y estudio crítico de Alberto Silva, 2012.

 

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